“Luz de Andalucía” de Steven Nightingale

No hay otro lugar en el mundo como el Albayzín, el antiguo barrio árabe de Granada. Arrastrándose por la colina frente a la Alhambra, al otro lado del frondoso valle del Darro, se encuentra una escandalosa belleza barrio de casas encaladas, balcones floridos y jardines escondidos. Y cuando Escritor estadounidense Steven Nightingale descubrió este rincón mágico de la ladera en un viaje al sur de España en 2002, quedó cautivado al instante.

Albayzín

Nightingale y su esposa Lucy compraron una casa vieja en ruinas en el Albayzín con un carmen – románticos jardines cerrados que abundan por todo el barrio.

Renovó la propiedad y pasó varios años absorbiendo y estudiando su nuevo entorno, así como la fascinante historia de Andalucía (de «Al-Andaluz», como se llamaba a la España medieval morisca). “Granada: La Luz de Andalucía” es el resultado, un libro tan rico e inspirador que tengo envidia de aquellos que aún no lo han leído.

Nightingale ciertamente no fue el primer escritor extranjero en ser atrapado por Granada, ni será el último (de hecho, yo también me enamoré de esta ciudad y del Albayzín a los treinta segundos de mudarme aquí en 2015). Sin embargo, el barrio más antiguo de la ciudad plantea dos problemas a los autores que intentan captar sus encantos: es muy difícil escribir bien sobre un lugar tan singular, tan bello y tan complejo. Y es aún más difícil escribir originalmente sobre un lugar que ha sido objeto de tanta prosa y poesía.

Andalucía

Nightingale está más que a la altura de estos desafíos, ayudado no sólo por su amor por el Albayzín y un conocimiento exhaustivo de su historia, sino también por una prosa tan sensual como informativa. Tomemos, por ejemplo, este magnífico pasaje:

“Uno podría pensar que un barrio compuesto por edificios pequeños, muy juntos y con tan pocos elementos –jardines, piedra, ladrillo, madera, yeso– sería monótono… Pero [in the Albayzín]la severidad de las limitaciones invita a la belleza a entrar y quedarse un rato… De hecho, todas las reglas han encendido la más promiscua variedad de ideas para hacer un espacio para vivir”.

En unas pocas líneas, el autor ha captado exactamente por qué este barrio es tan encantador Tiene que ver con el diseño compacto y el hecho de que todos viven uno encima del otro, lo que significa que «la vida está frente a nosotros con asperezas, tragedias pasadas y una sensación diaria de promesa».

Las observaciones de Nightingale nos ayudan a comprender la belleza detallada y multifacética del Albayzín: es un barrio en el que la complejidad deriva de la simplicidad, más de menos.

Sin embargo, no fue sólo el barrioLos encantos estéticos que hicieron que este poeta y novelista se sintiera tan privilegiado de vivir en el Albayzín. También fue la gente. Nightingale, Lucy y su hija Gabriella, de once meses, reciben tal calidez y hospitalidad de sus vecinos que el escritor apenas puede creerlo:

“[I]p…llamábamos a la puerta de cualquier familia entre ellos, pronto estaríamos en la mesa, nuestra hija estaría jugando con sus hijos, y estaríamos hablando hasta altas horas de la noche con soberbias botellas de vinos tintos”.

Andalucía

Cualquiera que haya pasado algún tiempo por el sur de España también se habrá beneficiado, en un momento u otro, de la generosidad incondicional de los andaluces. De hecho, para los europeos del norte más reservados (como británico que vive en Granada, ciertamente hablo por mí mismo aquí), requiere un ajuste, porque en casa se necesita mucho tiempo para que se desarrolle tal cercanía entre extraños.

Pero en el Albayzín -un barrio en el que los más mínimos detalles de la vida cotidiana son excusas para un café rápido o cañao chatear en el plaza – la intimidad y la calidez nunca están a más de un par de palabras de distancia. “Era su naturaleza y nuestro privilegio”, escribe Nightingale.

En el centro de la vida del autor en el Albayzín se encuentra su atesorado Carmen de Nuestra Señora de la Purificación (a pesar de sus tentadoras pistas sobre su ubicación, todavía lo estoy buscando). Nightingale nos invita a su jardín privado y se deleita en describir con amoroso detalle su fecundidad y su belleza: él y su familia tienen higos blancos en verano, granados en otoño y olivos en invierno.

Cada mañana, el escritor lleva a su pequeña hija al carmen “para estar juntos en la luz y saludar a cada vid y árbol por su nombre y desearles un buen día bajo el sol”. Es el tipo de imagen que te hace querer tirar el libro, tomar un vuelo a Granada y empezar a buscar un lugar en el Albayzín. O, si ya tienes la suerte de vivir en la zona más antigua de Granada barriodecide no irte nunca.

El autor también nos lleva en un trepidante recorrido por la historia de Andalucía, desde los inicios de Al-Andaluz en el año 711 hasta la actualidad. Escribe brillantemente sobre los más grandes poetas, científicos, botánicos y príncipes de la España musulmana, sobre Federico García Lorca y su asesinato al comienzo de la Guerra Civil y sobre el flamenco, la música icónica del sur de España (que a menudo se puede escuchar a la deriva desde las ventanas abiertas en el Albaicín).

De todas esas cosas aprendí mucho de “La Luz de Andalucía”, pero para mí -probablemente porque también tengo la suerte de vivir en el Albayzín- siempre será un libro sobre Granada, en concreto sobre su lado más seductor. barrio.

En su párrafo final, Nightingale llama al Albayzín “uno de los mejores lugares del mundo para vivir… [O] uno de los mejores lugares que jamás habrá para vivir”. No voy a estar en desacuerdo con él, pero siento que todavía me falta un elemento crucial de la vida aquí: mi propio carmen.


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